lunes, 30 de abril de 2018

Evento del mes de abril

Publicado por David Arbizu

UNA ENORME CORRIENTE DE VIRUS CIRCULA POR LA ATMÓSFERA DEL PLANETA
La palabra "virus" proviene del latín y significa "veneno" o "toxina". Un virus es un agente infeccioso microscópico acelular sin capacidad de reproducción, de manera que para reproducirse necesita invadir otras células, lo que conocemos como “infección” y utilizar su maquinaria, sus procesos reproductivos, para replicarse.

Los virus son las entidades más abundantes del planeta, son los principales depredadores del mundo microbiano y aunque se les relaciona directamente con enfermedades, con infecciones dañinas y problemas de salud, los estudios científicos de los últimos años demuestran que son vitales para todo: para nuestra salud y la de todos los seres vivos, para la evolución de las especies y para la salud del planeta, de su biosfera, de los ecosistemas terrestres y marinos, incluso llegan a influir sobre la regulación del clima y sobre el flujo de nutrientes como el carbono y el nitrógeno. Después de investigaciones conjuntas, los científicos norteamericanos Matthew B. Sullivan del estado de Ohio, Joshua Weitz de Georgia Tech y Steven W. Wilhelm de la Universidad de Tennessee han expresado: "Los virus modulan la función y la evolución de todos los seres vivos" y al mismo tiempo han admitido: "Pero en qué medida sigue siendo un misterio".

Imagen microscópica coloreada del virus de la gripe

Recientemente se han publicado los resultados de un estudio científico dirigido por la Universidad de Granada (España), que ha liderado una investigación internacional cuyo objetivo era constatar que existe una corriente de virus que circula alrededor del planeta y desde la que, al caer, los virus se van depositando, diseminando, por toda la superficie de la Tierra, lo cual justifica que se hayan encontrado virus genéticamente idénticos en lugares muy distantes y en ambientes muy dispares. Se calcula que esta corriente se mueve a una altura de 2500-3000 metros, de manera que está por encima de los sistemas meteorológicos de la Tierra y por debajo de la estratosfera, que es por donde vuelan los aviones a reacción.

Para realizar el estudio se colocaron cuatro cubos en lo alto de las montañas de Sierra Nevada (provincia de Granada-España) con el fin de recoger esa "lluvia de virus" que cae desde el cielo evitando todo posible impacto relacionado con la polución atmosférica local para que los registros se pudieran considerar globales. Los resultados fueron absolutamente sorprendentes porque permitieron calcular que cada día caen unos 800 millones de virus sobre cada metro cuadrado del planeta. Junto a los virus también se desplazan y caen una enorme cantidad de bacterias, aunque no es comparable con la de virus, ya que por cada 800 millones de virus caen 20 millones de bacterias.

La mayoría de los virus que se recolectaron en el estudio eran de origen marino, lo cual significa que se elevan al quedar pegados a la materia orgánica que sale del mar debido a la acción de las olas y el viento. También pueden elevarse al quedar pegados a partículas minerales de la superficie de la Tierra, aunque esto es algo más frecuente en las bacterias, que se adhieren al polvo del Sahara y de otros desiertos. Al caer de nuevo a la superficie, un 69% de los virus llegaron pegados a partículas y se considera que el tamaño de estas partículas tiene una relación directa con la mayor o menor distancia recorrida antes de caer y también con el efecto de la gravedad, del arrastre que pueda ocasionar la lluvia y de la mayor o menor suspensión que puedan tener las partículas de polvo, algo que observamos en las tormentas de polvo sahariano, que pueden recorrer distancias más cortas, afectando el norte de África y el sur de Europa, o llegar a cruzar el Atlántico para caer sobre la selva amazónica y otras partes de América.

Tormenta de polvo sahariano cruzando el Mediterráneo

Muchas de las investigaciones sobre los virus pertenecen al campo de la medicina, a la lucha contra enfermedades víricas. Al mismo tiempo, cada vez son más los científicos interesados en la influencia de los virus sobre la vida de todos los seres de este planeta, sobre su efecto sobre los diversos ecosistemas y los cambios que su actividad puede generar en todos los sentidos. Estos estudios demuestran la importancia de los virus para mantener en equilibrio los ecosistemas debido a los cambios que provocan sobre la composición de las comunidades microbianas, algo que llega a afectar las cadenas tróficas o alimenticias, la salud oceánica al afectar los ciclos bioquímicos oceánicos y también la expansión o control de plagas de diversos tipos.

Un ejemplo de este "efecto viral" se comprobó cuando en un laboratorio filtraron agua de mar separando a los virus pero dejando a otros microorganismos, que mayormente eran bacterias, que normalmente son la presa de los virus. Al hacerlo, el plancton en el agua dejó de crecer debido a que la infección y eliminación que los virus causan sobre una especie de microbio permite la liberación de carbono orgánico y de nutrientes que alimentan a otras bacterias promoviendo el desarrollo del plancton y otros organismos marinos.
Otro ejemplo lo encontramos cuando hay un brote y plaga de algas tóxicas en el océano y son atacadas por un virus que acaba controlando y eliminando la plaga. Un ejemplo del mundo vegetal terrestre lo encontramos en una hierba que se encuentra en los suelos de las áreas geotérmicas de Yellowstone (USA), donde se registran altas temperaturas y esa hierba necesita un hongo para crecer en el ambiente extremo; un hongo que para desarrollarse necesita un virus.

Según Marilyn Roossinck, investigadora y profesora de la Universidad Estatal de Pensilvania (USA), desde donde estudia la ecología viral en las plantas: "Nunca hemos encontrado efectos perjudiciales de un virus en la naturaleza". Pero en este momento los científicos advierten que el cambio climático está incrementando el transporte atmosférico de virus, lo cual puede conducir a una aceleración desequilibrada de sus efectos. Como es lógico, el hecho de que la sequía afecte cada vez con más fuerza los límites del Sahara y también a otros desiertos del planeta, multiplica la aportación de polvo a la atmósfera. También está habiendo un aumento de las tormentas y de los huracanes, lo cual provoca una mayor corriente atmosférica de virus.

Los científicos no saben si todos los virus que caen siguen vivos y se activan con rapidez, aunque se cree que sí, al menos los que son más resistentes. Curtis Suttle, virólogo de la Universidad de la Columbia Británica (Canadá) y coautor de este estudio realizado en Granada, lanza este mensaje tranquilizador que es ideal para concluir este artículo: "Por fortuna, los realmente resistentes son virus que, en su mayoría, infectan a bacterias, no a los humanos o a otros animales. Así que no hay de qué preocuparse si inhalamos unos cuantos millones de virus cada vez que salimos a pasear".


Fuentes:
http://conceptodefinicion.de/virus/

miércoles, 28 de marzo de 2018

Evento del mes de marzo

Publicado por David Arbizu

EL GRAN VALLE DEL RIFT: LA DIVISIÓN DE ÁFRICA QUE FORMARÁ UNA NUEVA CUENCA OCEÁNICA
Cada vez son más habituales las noticias informando de desprendimientos de tierra y de formación de socavones y grietas. Este tipo de eventos está sucediendo en muchas partes del planeta y su origen o factores desencadenantes pueden ser diversos, aunque en muchas ocasiones están relacionados con las precipitaciones extremas, la deforestación, el uso abusivo de los acuíferos, las sequías y, como resultado de todo ello, la falta de compacidad del suelo, algo en lo que particularmente intervienen, de forma determinante, todas las actividades humanas vinculadas a la perforación de la tierra y la extracción de recursos subterráneos. También existen otros factores que pueden provocar grandes grietas y que podríamos llamar “de gran calibre”, ya sea porque están relacionados con los movimientos de las placas tectónicas, la actividad volcánica y los desplazamientos del magma bajo la superficie, como porque son eventos encadenados que forman parte de una acción impactante que necesita muchos años para su conclusión y que supone un cambio de la forma de la superficie del planeta, de la litosfera; este es el caso del Gran Valle del Rift, en África.

Vista aérea del Gran Valle del Rift, con el mar Rojo arriba a la derecha

El Gran Valle del Rift es una gran fractura geológica que tiene una extensión de casi 5000 kilómetros. La parte africana del valle va desde Mozambique, la parte que está más al sur, hasta Yibuti, país situado al este de África, frente al Golfo de Adén, donde el mar Rojo se encuentra con el océano Índico, pero en realidad el valle abarca el propio mar Rojo y el valle del río Jordán. Comenzó a formarse hace unos 30 millones de años y no deja de crecer debido a los movimientos divergentes de las placas tectónicas que están involucradas en su formación y desarrollo. A la altura del África central se divide en dos valles distintos que también tienen dos climas diferentes debido a la propia estructura del valle y a las montañas, volcanes y lagos que lo forman, algo que supone que en el valle del este predomine la sabana y en el valle del oeste predomine la selva. A la parte este del valle se la llama la “cuna de la humanidad”, ya que se considera que allí surgieron los primeros homínidos cuando los simios tuvieron que bajar de los árboles, donde vivían y hacerse terrestres debido a que el cambio climático estaba convirtiendo la selva en sabana.
En la imagen que sigue a continuación se puede observar la forma del Valle del Rift, con sus grandes lagos, como el lago Tanganika y sus altas montañas, como el Kilimanjaro.


El Valle del Rift fue noticia el pasado lunes, 19 de marzo de 2018, cuando se formó una enorme grieta en Kenia que destruyó parte de una concurrida carretera dejando a cientos de personas atrapadas, sin poder pasar. La grieta tiene más de 3 kilómetros de longitud y en algunas zonas más de 20 metros de anchura y hasta 15 metros de profundidad.
Este no es un evento puntual, ya que la semana anterior ya se abrieron grietas cerca de esa zona. Los geólogos dicen que Kenia se está dividiendo, algo que también está pasando en Tanzania y Etiopía, países que junto a Somalia llegaran a separarse del continente africano para formar un nuevo continente o sub-continente al mismo tiempo que se forma un nuevo océano, un océano que cubrirá el Gran Valle del Rift. Se calcula que para que esto suceda tendrán que pasar un millón de años o, según algunos geólogos, incluso cincuenta millones de años.
En la imagen siguiente se muestra cómo podría quedar dividido el continente africano y el Valle del Rift cubierto por lo que se consideraría un nuevo océano.


Los geólogos consideran que este proceso empezó hace unos 25 millones de años, cuando la placa tectónica africana empezó a dividirse en la placa Nubia, que sería la placa de la gran parte de África que seguiría en su lugar, por así decirlo y la placa Somalí, una placa que está en proceso de formación. Estas dos placas tienen un movimiento divergente, se separan entre ellas y crean una tensión potenciada por el hecho de que la placa de Arabia también se está separando.

La primera grieta importante que los geólogos relacionaron directamente con este movimiento apareció en el año 2005, cuando entró en erupción el volcán Dabbahu, situado al norte de Etiopía. Las características de este volcán y de sus cámaras magmáticas internas favorecieron que el magma no llegara a la superficie y se desviara hacia una grieta interna formando un dique, de manera que, cuando el magma se enfrío, se elevó y rompió la superficie creando una gran grieta. Algunos geólogos consideran que no todas las grietas de la superficie han sido localizadas y que, a nivel subterráneo, una gran parte del valle puede estar muy agrietada y que puede haber muchos movimientos magmáticos que serían la causa de la constante aunque moderada sismicidad volcánica y de que existan derrumbamientos y elevaciones del terreno que no siempre son detectados pero que forman parte de toda esa enorme separación de placas tectónicas que forma el Gran Valle del Rift.


El cambio climático que estamos experimentando en nuestro planeta, con un desequilibrio en muchos de sus patrones que suponen, entre muchas otras cosas, graves sequías y también grandes tormentas con lluvias torrenciales, cambios bruscos de temperaturas con olas de frío y de calor y el aumento del nivel del mar junto con el deshielo de los polos, puede favorecer que se acelere el proceso divergente del Valle del Rift y esto, en algunos casos, ya se ha podido comprobar. Un ejemplo es que hay muchas grietas antiguas que se encuentran en zonas de debilidad de la corteza terrestre y que, con el transcurso del tiempo, han quedado cubiertas por la ceniza emitida por los volcanes cercanos, pero ahora, debido a la enorme cantidad de precipitaciones registradas, la lluvia se ha llevado esa capa de ceniza dejando al descubierto esas grietas. Otro ejemplo sería que está habiendo cambios en la distribución de la masa del planeta, algo que provoca el deshielo pero también las graves sequías que han llegado a secar grandes lagos y también acuíferos, provocando hundimientos y elevaciones y en este sentido no hay que olvidar toda la actividad humana relacionada con la minería y todo tipo de extracción de materiales del interior del planeta. También el aumento del nivel del mar podría acelerar que se inundaran algunas partes del norte del Valle del Rift, que de hecho ya se encuentran bajo el nivel del mar, lo cual podría generar enormes inundaciones que convertirían en islas las partes más elevadas de esas zonas. Otra de las situaciones peligrosas que estamos afrontando es el deshielo del permafrost, que en Siberia y Alaska ya ha causado la formación de grandes socavones, algunos de los cuales también se están extendiendo. Y para enumerar una más: hay que tener en cuenta la actividad solar, ya que se está llegando a un mínimo solar y los rayos solares tienen una relación directa con el movimiento de las placas tectónicas, ya que, en una situación de actividad solar normal, la llegada de los rayos solares provoca que las placas se reajusten sin movimientos bruscos, así que una debilidad o disminución de rayos solares supone una mayor inestabilidad y una liberación más violenta de la tensión acumulada en los bordes de las placas.

Todo esto significa que todo podría acelerarse e incluso generar otros movimientos no previstos a nivel científico, ya que no hay que olvidar que, por ejemplo, todas las placas tectónicas del planeta están vinculadas entre sí, que hay que tener una visión global del planeta sabiendo que todo está interconectado y que la Tierra tiene sistemas a través de los cuales busca reequilibrar todos los desajustes y trastornos de sus patrones en todos los niveles. Por ejemplo, en el caso concreto de África, existe una fricción convergente entre la placa Africana y la placa Euroasiática, así que un aumento de la separación de las placas que divergen en el Valle del Rift también podría suponer un aumento de la fricción en toda la zona del Mediterráneo, desde la parte del Estrecho de Gibraltar hasta la zona de Grecia y Turquía, donde a menudo hay movimientos sísmicos importantes.

Para finalizar, quiero añadir seis imágenes de algunas de las grandes grietas que últimamente se han detectado en el planeta y que, en algunos casos, han provocado situaciones de peligro para la vida humana:
1- Kenia-Gran Valle del Rift: grieta formada el pasado 19 de marzo.


2- Lago Baikal (Rusia): situado en el punto de encuentro de placas tectónicas que se están separando. La previsión es que la grieta se vaya ampliando y que la placa Euroasiática se llegue a dividir dentro de unos 20 millones de años.


3- Perú: grandes grietas rompieron la tierra en el Distrito de Llusco (región de Cuzco) a finales de febrero de este año. 



4- Arabia Saudí: grieta de más de 200 metros en la parte desértica del país. Descubierta a finales de febrero de este año. Sigue creciendo. 


5- México: gran grieta descubierta en el estado de Sonora a mediados de 2014.


6- Estados Unidos: grieta en el desierto de Arizona cuyo origen puede estar en el uso abusivo de los acuíferos.





Fuentes:

martes, 27 de febrero de 2018

Evento del mes de febrero

Publicado por David Arbizu

LA LLEGADA DE UNA MINI-EDAD DE HIELO Y SU RELACIÓN DIRECTA CON UN MÍNIMO SOLAR
En las últimas semanas del mes de febrero de este año, 2018, se han seguido constatando eventos sorprendentes que reflejan el desajuste climático global que estamos experimentando en nuestro planeta. Estamos siendo testigos de situaciones absolutamente inusuales, como la retirada del océano o del mar lejos de la costa en varios lugares del planeta; una reciente caída de granizo de enorme tamaño en Arabia Saudí, que ha herido a decenas de personas y matado a muchos animales; el nivel del aumento del mar provocando inundaciones en localidades costeras, especialmente en la costa este de Estados Unidos; grandes tormentas, algunas en forma de potentes ciclones, que han causado inundaciones tanto en el hemisferio norte como en el hemisferio sur y que en muchas partes del planeta han llegado junto a vientos huracanados y una actividad volcánica y sísmica en continuo aumento, con erupciones con enormes columnas de ceniza y terremotos que, desde el inicio de este año hasta la fecha de la publicación de este artículo y especialmente en toda la zona del Anillo de Fuego, en 5 ocasiones han sido superiores a los 7 grados y en 16 han sido superiores a los 6 grados.

A esta lista de eventos climáticos que tienen en jaque a gran parte de la comunidad científica y a los meteorólogos, hay que añadir las olas de frío que, junto con fuertes tormentas de nieve y lluvia helada, han afectado a todo el hemisferio norte, como las que en varias ocasiones han descendido por Norteamérica, llegando incluso a México y también las olas de frío que han afectado Japón y toda Europa. Al mismo tiempo, también ha habido olas de calor en países de Sudamérica, en Australia y, desafortunadamente, en toda la zona del Ártico, donde se mantienen las altas temperaturas con valores que han llegado a superar en 35º las temperaturas normales para esta época del año. Estas altas temperaturas favorecen el deshielo y todo en su conjunto afecta a los patrones climáticos de los cuales depende que la corriente Jet Stream mantenga su estructura o se debilite formando ondulaciones por las que desciende el frío polar y asciende el aire caliente, principalmente del Atlántico pero también del Pacífico. De hecho, en un artículo publicado hace unos quince días se alertaba de que el mar de Bering había perdido un tercio de su hielo marino en tal solo ocho días.
En la imagen que sigue a continuación se observa esa gran zona de color rojo (calor) sobre el Ártico y toda Europa y el norte de Asia de color azul (frío). 


Está claro que estamos observando un gran desequilibrio de los patrones climáticos planetarios y cada vez son más los científicos que admiten que nos dirigimos hacia un enfriamiento general del planeta, a pesar de que el calentamiento global todavía sea una realidad que se tiene que afrontar desde la conciencia de la humanidad para determinar cómo se va a actuar frente a todos los efectos contaminantes y de destrucción de los sistemas de la biosfera que provoca la actividad humana. Además, está sucediendo algo que hace varios años algunos científicos ya alertaban, que el calentamiento global conduce hacia una mini-glaciación.

La situación relevante principal relacionada directamente y, según muchos científicos, causa directa de la próxima mini-edad de hielo que va a afrontar la Tierra, es el descenso de la actividad solar, lo que se conoce como “mínimo solar”. Cada vez es más evidente el debilitamiento del Sol, con muchos días seguidos sin la aparición de manchas solares y con una presión y velocidad del viento solar en descenso, tal como demuestra el hecho de que se ha registrado una reducción del 87% de las manchas solares y una caída del 20% de la presión del viento solar. Se prevé que este descenso de la actividad solar va a seguir hasta llegar a un “mínimo solar”, que representaría el punto más bajo de actividad antes de que se empezara a recuperar. Según la astrofísica Valentina Zharkova de la Universidad de Northumbria, Inglaterra, habrá una reducción de hasta el 60% de la radiación solar que normalmente llega a nuestro planeta y este fenómeno se enfatizará del 2030 al 2040 y podría durar unos 30 años. Ella considera que la probabilidad de que esto suceda es del 97% y será un evento similar al que sucedió entre 1645 y 1715, conocido como “mínimo de Maunder”. Durante ese período de tiempo solo se registraron unas 50 manchas solares, cuando lo normal hubiera sido registrar entre 40 000 y 50 000 manchas, se congeló el río Támesis, en Londres, así como el mar Báltico (se podía ir andando de Suecia a Dinamarca) e incluso parte del río Ebro y del río Tajo.

Destello solar de rango menor observado el pasado 8 de febrero

Según los modelos matemáticos utilizados para el estudio de la actividad magnética del Sol, el mínimo solar llegará a partir del año 2021, que sería cuando realmente empezaría a bajar marcadamente la temperatura global, lo cual nos llevaría a una pequeña glaciación mundial hacia el año 2030. Otros estudios científicos realizados con anterioridad decían que la bajada de temperaturas empezaría a ser notable a finales del año pasado, 2017 y que durante los años 2018 y 2019 ya habría un descenso de temperaturas importante a nivel global. Todo lo que estamos experimentando y observando que sucede en el planeta durante los últimos meses parece verdaderamente estar indicando ese inicio del enfriamiento planetario, sobre todo en el hemisferio norte, que es donde se considera que la glaciación tendrá más fuerza e impacto.

Por otro lado, hay que añadir que el cambio climático y todo el desequilibrio que existe en los patrones atmosféricos y en la actividad de las placas tectónicas y los volcanes, está favoreciendo que los rayos solares lleguen con menor potencia a nuestro planeta. En este sentido, una mayor actividad volcánica, con enormes emisiones de ceniza, como la que hemos visto hace poco en el volcán Sinabung (Isla de Sumatra-Indonesia), que emitió una columna de ceniza de más de 5000 metros de altura por encima del cráter, representa un bloqueo para los rayos solares. Al mismo tiempo, el incremento de la actividad sísmica tiene una relación directa con la actividad volcánica, debido a que los grandes movimientos del magma siempre acaban alimentando las cámaras magmáticas de los volcanes. Además, la actividad sísmica y la actividad volcánica también guardan una relación directa con la actividad solar, ya que los efectos del Sol sobre nuestro planeta provocan movimientos sísmicos que facilitan que las placas se acomoden sin grandes fricciones, algo que es necesario para su equilibrio y estabilidad, pero una reducción de ese impacto solar genera que los movimientos de las placas sean más bruscos, que se acumule mucha más tensión antes de que haya un sismo y, consecuentemente, que los terremotos sean más fuertes y que grandes movimientos de magma alimenten los volcanes.
Otra consecuencia de la baja actividad solar es una mayor llegada de rayos cósmicos a nuestro planeta, algo que supone un debilitamiento de las capas de la atmósfera, la aparición de agujeros en la capa de ozono y un incremento de la formación de nubes, lo cual, añadido al actual aumento de tormentas, representa que áreas muy amplias de nuestra atmósfera puedan estar cubiertas de nubosidad que dificulte la llegada de los rayos solares.

Erupción del volcán Sinabung del 19 de febrero de 2018

La actividad humana es la responsable principal del calentamiento global y ese calentamiento global también puede conducir a una mini-edad de hielo. En este sentido, las altas temperaturas en el Ártico, con todo el deshielo, provocan el desajuste de los patrones atmosféricos y la llegada de agua fría dulce a zonas del océano Atlántico, cuyo equilibrio y estabilidad son básicos para el correcto funcionamiento de muchas corrientes oceánicas, especialmente para el funcionamiento del cinturón oceánico o circulación termohalina, cuyo estancamiento también supondría una mini-glaciación.
La humanidad también es responsable de todos los programas de geoingeniería que se están llevando a cabo y que mayormente están enfocados en frenar el calentamiento global, como, por ejemplo, los chemtrails (siembra de nubes químicas), cuya finalidad principal es condensar la humedad para favorecer precipitaciones y también reflejar la luz solar hacia el exterior, y la emisión de productos de nucleación del hielo para ayudar a mantener el hielo de las zonas árticas, algo que muchos científicos han advertido que acaba causando el efecto contrario, además de envenenar y contaminar sistemas básicos de nuestra biosfera. Otros programas, como el proyecto Haarp de Estados Unidos y otros proyectos parecidos que llevan a cabo otros países, están enfocados en el control del clima y otras acciones que pueden afectar y provocar importantes desequilibrios que podrían acabar siendo un impulso para el enfriamiento global.

La astrofísica Valentina Zharkova considera que el calentamiento global podría contrarrestar las consecuencias de esa mini-edad de hielo e incluso espera que esa oleada de frío permita, más bien, anular el calentamiento global y brinde “a la humanidad y a la Tierra 30 años para arreglar nuestra polución”. Esperemos que así sea y que la humanidad sea capaz de llevar a cabo esa gran reparación planetaria, que empieza por una reparación de sí misma, para poder seguir desarrollándose desde una conciencia superior, respetando y cuidando al planeta y comprendiendo la importancia de todos los sistemas que forman la biosfera. 



Fuentes:

martes, 16 de enero de 2018

Eventos destacados del mes de enero

Publicado por David Arbizu

LAS BOMBOGÉNESIS O CICLOGÉNESIS EXPLOSIVAS
Con el inicio del año 2018, estamos siendo testigos de cómo los patrones climáticos son cada vez más extremos. A nivel de temperaturas, está habiendo grandes olas de frío, como las que han provocado drásticas bajadas de temperaturas en muchas partes del hemisferio norte, pero también perjudiciales olas de calor, como la que ha sufrido parte de Australia. También se están formando grandes tormentas en todos los océanos, como el ciclón tropical “Ava” que ha afectado Madagascar, en el océano Índico; como la tormenta “Eleanor”, que desde el este del océano Atlántico entró en Europa con fuertes vientos y lluvias y como otras tormentas que se han formado sobre el océano Pacífico, como la que hace una semana afectó algunas islas de Japón con fuertes nevadas o la que actualmente está provocando graves inundaciones en algunas islas de Filipinas.

Aunque observamos que se están produciendo fenómenos meteorológicos extremos en muchas partes del planeta, lo que actualmente está focalizando nuestra atención son las tormentas polares que están llegando a Estados Unidos, sobre todo a su mitad este y en especial, la bombogénesis o ciclogénesis explosiva que se formó entre los días 3 y 4 de este mes y cuyos efectos todavía se sienten en muchas partes del país, además de que fue fortalecida por un frente polar que se mantiene dominando una parte importante de Norteamérica, algo que provoca que en amplias zonas las temperaturas sigan siendo extremadamente bajas.

Frente polar cubriendo gran parte de Norteamérica

Los meteorólogos utilizan el término “bombogénesis” o “ciclogénesis explosiva” para nombrar y definir un ciclón de altitud media que gana fuerza muy rápidamente. De hecho, es ese fortalecimiento rápido, explosivo, lo que genera que la tormenta, el ciclón, que es una masa de aire en forma de columna ascendente que, en el hemisferio norte, gira en sentido antihorario, pueda crecer y volverse un fenómeno muy violento y peligroso y con una gran capacidad de afectar un área muy amplia del continente junto al que se haya formado.

El oeste del océano Atlántico Norte es una de las zonas del planeta donde pueden darse las condiciones ideales para que se formen bombogénesis debido a que el aire frío propio de las latitudes más altas choca con el aire caliente que se mantiene sobre el océano, especialmente sostenido gracias a la Corriente del Golfo. Conforme la masa de aire caliente que va formando el ciclón se eleva desde el centro, se produce un mayor efecto de vacío y la consecuente bajada de la presión atmosférica. Cuando la columna de aire asciende a un ritmo muy rápido y la presión cae considerablemente (un mínimo de 24 milibares en 24 horas), se produce una bombogénesis debido a que el aire que asciende por el centro de la tormenta va siendo reemplazado por el aire que la rodea, todo ello con mucha rapidez, formándose potentes vientos que se mueven hacia el centro de la tormenta a gran velocidad. Con la influencia del frente frío y seco que llega desde el norte contrastando con unas condiciones mínimas de humedad y calor del aire subtropical situado sobre el océano, los vientos y la energía de la tormenta se multiplican, el aire que sube se enfría cada vez con más rapidez y la humedad se condensa para formar enormes nubes que descargarán lluvia pesada o nieve junto a vientos huracanados.

En las dos imágenes que siguen a continuación, se puede observar la formación de la bombogénesis frente a las costas de Estados Unidos. En la primera imagen se puede observar cómo casi toda la zona está dominada por las altas presiones (H), destacando las representadas en color más oscuro, que coinciden con la bajada del frente polar. En esta imagen se ve una zona de bajas presiones (L), con una presión barométrica de 992 milibares, frente a la costa, al norte de Florida y frente a los estados de Georgia, Carolina del Sur y Carolina del Norte. En la segunda imagen, que reproduce la situación pasadas 24 horas, la ciclogénesis explosiva ya está formada, se ha desplazado hacia el norte a lo largo de la costa y la presión ha bajado a 947 milibares.

Existen varios factores que son decisivos para que se produzca una bombogénesis, para que haya esa presencia de altas y bajas presiones, la presión barométrica caiga en picado rápidamente y las lluvias, nevadas y vientos precedan y también coincidan con un gran impacto de un frente polar que desciende hasta latitudes muy bajas.
Uno de estos factores es la corriente Jet Stream, de cuya estabilidad y regularidad depende que los vientos polares se mantengan en las latitudes altas, de manera que no se formen tormentas polares que desciendan hacia el centro del hemisferio norte. El estado y comportamiento de la corriente Jet Stream depende, a su vez, de la relación de equilibrio entre las presiones atmosféricas del Ártico y las presiones atmosféricas de las latitudes medias, lo cual va a provocar que el patrón llamado “Oscilación del Ártico” esté en fase positiva o negativa y tal como explico en mi artículo anterior publicado en este blog, titulado “Las alteraciones del Giro de Beaufort y la Deriva Transpolar, dos corrientes clave del océano Ártico”, actualmente la Oscilación del Ártico está en fase negativa y eso supone una mayor presión en el Ártico y que el trazado de la corriente Jet Stream forme ondulaciones que permiten el descenso de frentes polares.
Otro factor importante que también tiene una relación directa con las presiones atmosféricas son las corrientes oceánicas y las temperaturas del agua y del aire que se encuentra sobre su superficie. Si hablamos de la costa este de Estados Unidos, la Corriente del Golfo, al ser una corriente cálida, representa un factor muy determinante para la formación de bombogénesis. En este sentido, el deshielo del Ártico y la entrada de agua dulce y fría que está habiendo en el Atlántico Norte, principalmente desde Groenlandia, también influyen sobre la Corriente del Golfo desestabilizándola y provocando desajustes que afectan a la circulación termohalina o cinta transportadora oceánica y consecuentemente, a los patrones atmosféricos globales.

La bombogénesis frente a las costas del norte de Estados Unidos

Las impactantes imágenes que han llegado desde Estados Unidos de lluvia helada, de calles inundadas donde el agua quedó totalmente congelada, de iguanas y otros reptiles en Florida inmóviles, aletargados por el frío, de algunas zonas del océano Atlántico, de los Grandes Lagos y de las cataratas del Niágara, prácticamente congeladas, nos recuerdan la previsión científica de la llegada de una mini-edad de hielo, algo que se preveía que ya podía hacerse notable a finales del año pasado y que coincidía con la activación del fenómeno atmosférico “La Niña”, que, en general, representa un patrón de frío, aunque de momento no ha cogido mucha fuerza pero se prevé que pueda durar hasta el mes de marzo.
Desde otras partes del planeta también han llegado imágenes y noticias de eventos que reflejan ese posible enfriamiento generalizado, como la del desierto cubierto de nieve en Argelia, las devastadoras olas de frío que han afectado el norte de India, Nepal y Bangladesh y los récords de bajas temperaturas registradas en algunas ciudades de Canadá.

Lo que sí que es seguro es que hay un desequilibrio de los patrones climáticos ya que, a pesar de todo lo que parece señalar una próxima mini-edad de hielo, sigue habiendo un calentamiento global, un gran deshielo de los casquetes polares y del permafrost y muchas zonas con sequías muy graves y duraderas, aunque todo ello en realidad pueda conducir a un enfriamiento general y aquí también se tendría que considerar la actividad solar, que es muy baja y se dirige hacia un mínimo solar. Los científicos están viendo y constatando que no tienen tanto conocimiento sobre cómo funcionan esos patrones, esos sistemas que forman y sostienen la biosfera y cada vez van descubriendo la existencia de nuevos vínculos y relaciones entre esos sistemas, entre diversas partes del globo, que demuestran esa interrelación, esa conexión de la cual depende la estabilidad del planeta y de su biosfera, estabilidad de la cual dependemos todos.







martes, 26 de diciembre de 2017

Eventos destacados del mes de diciembre

Publicado por David Arbizu

LAS ALTERACIONES DEL GIRO DE BEAUFORT Y LA DERIVA TRANSPOLAR, DOS CORRIENTES CLAVE DEL OCÉANO ÁRTICO
A finales de marzo de este año, 2017, se registró la extensión máxima anual de la capa de hielo marino del Ártico, un registro que significa la extensión más reducida desde que comenzaron las mediciones por satélite en 1979 y que sigue la tendencia de los años 2015 y 2016, cuando también se registraron récords de extensión más baja jamás registrada.
Conforme va siendo cada vez más evidente el cambio climático y la relación directa que tiene el Ártico sobre los patrones que afectan al clima de todo el planeta, donde podemos incluir el efecto directo sobre sistemas atmosféricos, como la corriente Jet Stream y sistemas de corrientes oceánicas, como la circulación oceánica termohalina, también aumentan las investigaciones y estudios científicos para conocer el funcionamiento de esta región polar y todos los elementos que forman parte de su engranaje.

En el océano Ártico hay dos corrientes muy importantes que están totalmente interconectadas y que son clave para la formación y mantenimiento de la capa de hielo, así como para el transporte del hielo y las aguas polares hacia la zona donde se encuentran y conectan con el océano Atlántico. Una de estas corrientes, el Giro de Beaufort, está llamando especialmente la atención de muchos científicos debido a que está actuando de forma extraña y esta alteración podría suponer una descarga de una gran cantidad de hielo y agua dulce fría que llegarían al Atlántico Norte. Esta corriente se origina y ocupa gran parte del mar de Beaufort, un mar ubicado al norte de Alaska y del territorio canadiense de Yukón. El Giro de Beaufort es una corriente que se forma debido a que la alta presión atmosférica provoca e impulsa vientos que giran sobre esa zona en el sentido de las agujas del reloj, es como una peonza gigante que contiene grandes cantidades de hielo marino, un hielo marino que se ha ido espesando gracias a la propia corriente y al paso del tiempo. De esta manera, el Giro de Beaufort ha ayudado a crear las abundantes capas de hielo marino que hasta hace poco cubrían gran parte del océano Ártico durante todo el año.
La otra corriente es la Deriva Transpolar, que es una corriente que atraviesa el Ártico en dirección al estrecho de Fram (entre Groenlandia y las islas Svalbard), donde se encuentra con las aguas del Atlántico y cuya fuerza y trayectoria dependen del tamaño y potencia del Giro de Beaufort.


Durante los últimos 15 años, un equipo internacional de científicos ha dirigido el proyecto "Beaufort Gyre Exploration", desde el que han llevado a cabo expediciones anuales de investigación, realizadas en verano y gracias al uso de un barco rompehielos. Según sus estudios, durante el siglo pasado el giro seguía un patrón cíclico y cambiaba de dirección cada 5-7 años y cuando giraba en el sentido contrario a las agujas del reloj se generaba una expulsión de hielo y agua dulce hacia el este del océano Ártico y el Atlántico Norte. Sin embargo, durante los últimos 12 años no ha habido ningún cambio de dirección y el Giro de Beaufort ha aumentado de tamaño y ha acumulado cada vez más hielo y agua dulce, que se produce por el propio deshielo y por la llegada de flujos de agua desde los ríos norteamericanos y rusos.

La mayor o menor fuerza del Giro de Beaufort está relacionada con las altas o bajas presiones atmosféricas. En el Ártico existe un patrón del clima llamado Oscilación del Ártico (AO, por sus siglas en inglés). Este patrón puede estar en una fase positiva (AO+) o en una fase negativa (AO-) y cada fase depende de la diferencia de presión entre el Ártico y las latitudes medias, que corresponden a la latitud de Montreal (Canadá) o de Burdeos (Francia). Cuando, como está sucediendo en estos tiempos, hay una predominancia de la fase AO-, que significa que la presión del aire en el Ártico es mayor que la presión de las latitudes medias, hay un fortalecimiento y expansión del Giro de Beaufort junto a un debilitamiento de la Deriva Transpolar, que se ve empujada hacia el este limitando la expulsión de hielo hacia el Atlántico y favoreciendo la recirculación del mismo en el interior del Ártico. En el mapa que sigue a continuación se observa la diferencia entre la situación "a", con una AO- y la "b", con una AO+, donde el Giro de Beaufort (BG) es más débil y la Deriva Transpolar (TPD) está más centrada y fortalecida.


El comportamiento actual del Giro de Beaufort puede estar relacionado con el calentamiento global y en concreto, con las altas temperaturas que se registran en el Ártico. Algunos científicos señalan que, debido al calentamiento y al deshielo, el agua dulce gélida que fluye hacia el norte del océano Atlántico desde la capa de hielo de Groenlandia, que se está derritiendo rápidamente, está formando un límite en el Atlántico Norte que produce una estratificación que obstaculiza la llegada de la Corriente del Golfo, una corriente que aporta calor a la superficie del océano. Los científicos dicen que esto puede estar inhibiendo la formación de ciclones que podrían causar que el movimiento del giro se debilite o se invierta temporalmente y que podrían cambiar la fase de la Oscilación del Ártico actual, AO-, a una AO+.

De todas maneras, tras la última expedición científica del pasado verano, los científicos han declarado que no descartan que el Giro de Beaufort no tarde mucho en debilitarse o cambiar de sentido, ya que el volumen de agua dulce no había aumentado desde la expedición del verano anterior y apreciaron que podría haber un posible cambio de la presión atmosférica a corto plazo. Según el oceanógrafo polar Andrey Proshutinsky, si esto sucediera, una liberación masiva de agua dulce fría en el Atlántico Norte, incluso si solo fuera del 5% de la que actualmente forma el giro, sería como una "bomba climática" que enfriaría temporalmente el clima de Islandia y norte de Europa, además de generar una situación dramática para la vida marina que tendría un gran impacto sobre la cadena alimentaria local e incluso global y una crisis económica principalmente sobre la industria pesquera, que actualmente se ve beneficiada por la contención que está haciendo el Giro de Beaufort. De hecho, desde finales de 1960 hasta la década de 1970 sucedió un evento similar, conocido como la Gran Anomalía de la Salinidad, en el que hubo una gran entrada de agua del océano Ártico en el Atlántico y representó una de las variaciones más persistentes y extremas en el clima oceánico global observada durante el siglo pasado, además de una serie de inviernos muy fríos en Europa y la interrupción de la cadena alimentaria del Atlántico Norte junto con el colapso de algunas industrias pesqueras. Para los científicos, si ahora hubiera un cambio en el Giro de Beaufort y una liberación de agua dulce en el Atlántico Norte, la situación sería más duradera y más severa que la que se experimentó con la Gran Anomalía de la Salinidad.


Como siempre, es de vital importancia tener una perspectiva global, planetaria, de cada situación que se analiza, por muy particular y específica que parezca. En este sentido, tanto el impacto de un aumento del deshielo de Groenlandia, con la consecuente obstaculización de la llegada de la Corriente del Golfo, como una posible gran liberación de agua dulce fría en el Atlántico Norte si se debilitara el Giro de Beaufort, provocarían un gran desequilibrio sobre el cinturón transportador oceánico o corriente oceánica termohalina, algo que afectaría al clima de todo el planeta e incluso podría iniciar una edad de hielo, algo que ya sabemos que está pronosticado por muchos científicos. Además, las altas presiones en el Ártico, que caracterizan el actual patrón AO-, debilitan la estabilidad y frenan la velocidad de la corriente Jet Stream, que marca y sostiene el límite entre el aire frío del Ártico y el aire cálido subtropical, lo cual provoca que esta corriente tenga un patrón más ondulado, con grandes vaguadas y crestas que permiten la bajada de vientos y tormentas polares hacia el sur, creando olas de frío y situaciones de duro invierno que normalmente afectan a Europa y al este de los Estados Unidos, así como la subida de corrientes templadas hacia el Ártico que potencian el deshielo y la sequía en zonas como Alaska, Canadá y Siberia, donde existe un gran peligro por el deshielo del permafrost. Las ondulaciones del Jet Stream también provocan que aumente la temperatura del agua en el norte de los océanos Atlántico y Pacífico, generando desajustes fenológicos y cambios en la cadena trófica que también afectan a los ecosistemas y aceleran la sexta extinción masiva.

Respecto a la posibilidad de una mini-edad de hielo, Alek Petty, un estudiante de posdoctorado del Goddard Space Flight Center de la NASA y de la Universidad de Maryland que estudia el Giro de Beaufort, declara: "No va a ser una escena de "El Día de Mañana" (la película en la que el clima de la Tierra se enfría radicalmente y hay una mini-edad de hielo). Pero el hecho es que simplemente no lo sabemos, simplemente no hay suficientes datos árticos para hacer predicciones firmes en un mundo donde el cambio climático, las corrientes oceánicas y las fuerzas atmosféricas interactúan de manera compleja".

Esta complejidad de la que habla Petty debería hacernos obrar con más respeto y cautela, sobre todo al estar experimentando la crisis planetaria actual y los cambios y desequilibrios que está habiendo en muchos lugares. En un informe anual sobre la salud del Ártico, la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica, que supervisa todas las investigaciones oficiales de los Estados Unidos en la zona, ya presentó el término "Nuevo Ártico", porque, tal como también ha declarado un grupo de científicos: "El Ártico, tal como lo conocíamos, ya no existe".
Mientras tanto, gracias al deshielo, va aumentando el tráfico marítimo, tanto comercial como turístico y ya se perfila una cada vez mayor presencia humana, con todo lo que desafortunadamente significa, en una de las zonas más prístinas y al mismo tiempo más importantes para el equilibrio planetario en todos los sentidos.




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